¿POR QUÉ TOMAMOS CHOCOLATE CALIENTE EN COLOMBIA?

La historia del cacao, – tesoro de la tierra suramericana – se origina en la alta Amazonía, lo que hoy conocemos como Colombia y Ecuador, y de ahí se desplaza hacia diferentes civilizaciones mesoamericanas, como los Olmecas y los Mayas. Los Aztecas aprendieron de los Mayas el cultivo y el uso del cacao.  Llamaban “cacahuatl” al cacao y “xocolat” a la bebida aromática que se obtenía de sus frutos. Estas civilizaciones domesticaron el uso del cacao y lo volvieron comida de los dioses, usándolo para preparar bebidas que utilizaban en ritos ceremoniales.

Sin embargo, aunque el cacao fue usado de múltiples maneras en la gastronomía prehispánica de Mesoamérica, la creación de la bebida como la conocemos hoy, requirió largos años de intercambios[1]. Miles de ensayos, innumerable acopio de inventos, iniciativa, improvisaciones y hallazgos debieron sucederse antes de dar con la fórmula del chocolate, tal como lo conocemos hoy en día.


Los conquistadores españoles conocieron el cacao en América, lo llevaron a Europa y se estima que al comenzar el siglo XVII ya estaba resuelta la fórmula de su preparación (tostar y moler la semilla del cacao con azúcar y especias aromáticas sobre una superficie caliente); La costumbre de tomar chocolate caliente se hizo famosa entre las clases altas Españolas y la tradición se transmitió desde España al resto de las naciones europeas. Después de 1728, cuando Felipe V vendió el secreto de su preparación, las chocolaterías se propagaron por todo el mundo.

En ese periodo, las colonias españolas de América comenzaron a consumir el cacao  en altas proporciones y en toda oportunidad: los viajeros llevaban bolas de cacao en sus mochilas, las familias pudientes las atesoraban en pesados cofres de nogal, los médicos neogranadinos ordenaban beber chocolate para curar la jaqueca, el resfriado o el dolor de muela (en caso de debilidad extrema las bolas de cacao se colocaban sobre la frente amarradas con un pañuelo). Los ricos lo tomaban en adornadas pocillos de porcelana y los pobres en tazón de barro vidriado, pero a nadie le faltaba ese preciado alimento.

Con la derrota de los ejércitos españoles en 1819, la Nueva Granada dejó de existir y todos sus representantes, junto con sus instituciones, emigraron de América, pero el chocolate, que había sido símbolo de la grandeza del imperio español, permaneció intacto, porque ya era uno de los pilares de la alimentación y de la economía nacional.

La planta se cultivaba en las zonas cálidas y húmedas de la región, y contaba con una alta demanda interna: se bebía chocolate al desayuno, sobre el almuerzo, a la hora del refresco, durante las visitas, en los actos públicos, en la intimidad, en los duelos o en las fiestas nacionales, pero según y dónde se hiciera, la bebida cambiaba; era necesario dominar el arte de prepararlo. Aun cuando el proceso requería de cierta especialización y bastante esfuerzo físico, durante el siglo XIX, era parte de los oficios domésticos.

Para comenzar, debían tostarse las pepas, luego triturarlas y molerlas a mano entre dos piedras. La piedra sobre la cual se molía el cacao tenía la forma de un puente bajo el cual se encendía un fuego; después de varias horas de manipulación, el cacao soltaba su grasa y comenzaba a reducirse a una pasta blanda que se mezclaba con azúcar en cantidades que variaban de acuerdo a los gustos; también variaban las especias, pero comúnmente se aromatizaba con canela, clavos, vainilla o nuez moscada, según las preferencias. Una vez hechas las mezclas, la molendera -porque era oficio femenino-, procedía a armar las bolas de chocolate. Después de secas, se guardaban en recipientes cerrados para el consumo diario.

Ese era el procedimiento tradicional para obtener un buen chocolate, pero según la región, nacieron nuevas fórmulas para rendir el cacao o para hacerlo una bebida mucho más nutritiva y energética que le permitiera a los campesinos ejecutar las duras labores del campo. Fue así, como nació la bebida que llamaron “CHUCULA”, y que se obtenía mezclando cacao con variedad de cereales (arveja, maíz, habas, cebada, trigo, garbanzo y lentejas) molidos y tostados.

De toda esta historia, se puede afirmar que la cultura de consumir chocolate caliente es el resultado del mestizaje entre europeos, indígenas nativos americanos y afrodescendientes en el territorio que hoy es Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia.

CHUCULAT integra el nombre de esta ancestral bebida (la chucula) para evocar con la marca, la tradición y los orígenes del chocolate en Colombia.